Hay veces que duelen cosas. Duelen porque las pensás. Hay una muy buena y eficaz solución para eso. Puede parecer algo complicado al principio, pero es fácil mantener la mente ocupada con otras cosas. A parte, todo tiene un motivo y una explicación. Creo que la clave reside en aceptarla y entenderla. Llegar hasta el final de la cuestión y aceptarlo. Desacerlo, desarmarlo por completo y ver lo que es en realidad. Llegar a la verdad, por muy molesta que sea siempre es mejor. Hacer eso facilita su comprensión y aceptación.
De pronto como si fuera dejando de doler. Tenés que sentirte bien con vos mismo si querés que esto funcione mejor. ¡También hace que el dolor se vaya!
Nada es para tanto ni nada es para siempre. ¡No te olvides nunca de eso!
domingo, 27 de septiembre de 2009
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