martes, 29 de septiembre de 2009

En la noche

No hay nada mejor que un lunes de fiesta para empezar la semana.
Copas, entretenimiento, hombres.


Hombres maduros, sedientos de sexo que me manosearon y moldearon a su gusto.
Miradas fuertes, lascivas. ¡no me mires así! pero esta noche dejaría que hicieras conmigo lo que sea, lo que pensaste cuando me miraste de esa manera.

Siempre acabo dejándome. ¿Será porque Él no está conmigo? Si no está tengo que olvidarme como sea, dejándome a cualquiera que se me arrime y me de una breve demostración del cariño que él no me está dando. Es más, en el fondo nisiquiera sé si estar con él frenaría, de alguna manera, mis ganas de tirármelos a todos. Nunca llegué a averiguar si se debe a un problema de autoestima, a algun trauma de la infancia o problema psicológico, o a la más simple y natural ansia sexual. Me gustan demasiado los hombres como para evitarlo.

Supongo que cupido todavía no me visitó. Dicen que cuando te enamorás no te fijás en nadie más que en el que te enamoró. Puede ser cierto, yo quiero que lo sea. Ojalá él me amara y yo lo amara, y no necesitaramos a nadie más, aunque quizás eso fuera igual de destructivo que el querer acostarme con cualquiera. Querer demasiado puede ser destructivo. Qué fallo. Quizás pueda uno enamorarse sin crear dependencia hacia la persona que ama.

Sigue siendo más fácil dejarse llevar por el vicio y el falso cariño, que no termina de llenar pero te hace libre. -O no.

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